Seamos entonces, con la gracia del Espíritu Santo, como esa sencillas gotitas de agua que transforman hasta las piedras más fuertes e irregulares.
Mc. 10,17-21
17. Jesús
estaba a punto de partir, cuando un hombre corrió a su encuentro, se arrodilló
delante de él y le preguntó: «Maestro bueno, ¿qué tengo que hacer para
conseguir la vida eterna?»18. Jesús le dijo: «¿Por qué me llamas bueno? Nadie
es bueno, sino sólo Dios. 19. Ya conoces los mandamientos: No mates, no cometas
adulterio, no robes, no digas cosas falsas de tu hermano, no seas injusto,
honra a tu padre y a tu madre.»20. El hombre le contestó: «Maestro, todo eso lo
he practicado desde muy joven.»21. Jesús fijó su mirada en él, le tomó cariño y
le dijo: «Sólo te falta una cosa: vete, vende todo lo que tienes y reparte el
dinero entre los pobres, y tendrás un tesoro en el Cielo. Después, ven y
sígueme.»