jueves, 21 de junio de 2012

¿Qué debo hacer para seguirte, Señor?

Algunas veces, nos hacemos un lío pensando en que Dios quiere de nosotros acciones heróicas visibles, mágicas o maravillosas, como si fueran las películas de FX efectos especiales. Pero realmente, las grandes transformaciones, son acciones pequeñas y cotidianas. Es como cuando una gotica de agua cae continuamente sobre una piedra; no sólo la limpia, sino que la pule y le va dando una textura preciosa. Así es el cristiano cuando está en el mundo: con sus pequeñas acciones, constantes, con su presencia -para algunos imperceptible- , va modificando el entorno y va proponiendo el Reino de Dios sin estruendo, sin proselitismo, sin trompetas y banderas, como un ejército que llega a "acabar" todo cuanto esté en frente.
Seamos entonces, con la gracia del Espíritu Santo, como esa sencillas gotitas de agua que transforman hasta las piedras más fuertes e irregulares.


Mc. 10,17-21

17. Jesús estaba a punto de partir, cuando un hombre corrió a su encuentro, se arrodilló delante de él y le preguntó: «Maestro bueno, ¿qué tengo que hacer para conseguir la vida eterna?»18. Jesús le dijo: «¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno, sino sólo Dios. 19. Ya conoces los mandamientos: No mates, no cometas adulterio, no robes, no digas cosas falsas de tu hermano, no seas injusto, honra a tu padre y a tu madre.»20. El hombre le contestó: «Maestro, todo eso lo he practicado desde muy joven.»21. Jesús fijó su mirada en él, le tomó cariño y le dijo: «Sólo te falta una cosa: vete, vende todo lo que tienes y reparte el dinero entre los pobres, y tendrás un tesoro en el Cielo. Después, ven y sígueme.»