martes, 15 de diciembre de 2020

JUBILEO PASIONISTA


Nos unimos a la Congregación Pasionista por estos 300 años de presencia promoviendo la meditación de la Pasión de Cristo, acogiendo y acompañando a los crucificados del mundo. Este año jubilar, nos llegó con ese sello particular de la pandemia y vulnerabilidad humana, con sus consecuencias sociales, económicas, de salud corporal, mental y espiritual. Hoy es el tiempo de los pasionistas y las pasionistas para ser Pascua, Luz y esperanza, en el mundo tal como lo enseñó el mismo Jesús: "hoy ha venido la salvación a esta casa". El carisma, no se puede guardar en los anaqueles, es hora de encarnarlo y hacerlo presente con el testimonio de vida cristiana.

Gratitud, esperanza y profecía... tres ejes que deben marcar el rumbo de este carisma compartido en presencias y estados diferentes de la experiencia creyente: vida consagrada regular y secular, laicos de los movimientos y feligreses que comparten el carisma en la parroquias, colegios y demás apostolados de todo el mundo con identidad pasionista.

Que el Señor nos ayude a contemplarlo en el humilde pesebre, que corresponde al mismo Misterio de Amor de la Cruz salvadora y redentora.

Una feliz navidad 2020.

domingo, 3 de marzo de 2019

Miércoles de Ceniza

Este próximo miércoles 6 de marzo iniciamos la cuaresma y vale la pena retomar el mensaje que el Papa Francisco nos ha dado a todos los cristianos para orientar nuestra vida y conversión a la luz de la relación con lo demás y con la creación. A continuación se presentan algunos fragmentos del texto completo del Santo Padre, escrito en la fiesta de San Francisco de Asis en el año 2018.


"La creación, expectante, está aguardando 
la manifestación de los hijos de Dios" (Rm 8,19).


1. La redención de la creación: Si el hombre vive como hijo de Dios, si vive como persona redimida, que se deja llevar por el Espíritu Santo (cf. Rm 8,14), y sabe reconocer y poner en práctica la ley de Dios, comenzando por la que está inscrita en su corazón y en la naturaleza, beneficia también a la creación, cooperando en su redención. Por esto, la creación —dice san Pablo— desea ardientemente que se manifiesten los hijos de Dios, es decir, que cuantos gozan de la gracia del misterio pascual de Jesús disfruten plenamente de sus frutos, destinados a alcanzar su maduración completa en la redención del mismo cuerpo humano.

2. La fuerza destructiva del pecado
Efectivamente, cuando no vivimos como hijos de Dios, a menudo tenemos comportamientos destructivos hacia el prójimo y las demás criaturas —y también hacia nosotros mismos—, al considerar, más o menos conscientemente, que podemos usarlos como nos plazca. Entonces, domina la intemperancia y eso lleva a un estilo de vida que viola los límites que nuestra condición humana y la naturaleza nos piden respetar, y se siguen los deseos incontrolados que en el libro de la Sabiduría se atribuyen a los impíos, o sea a quienes no tienen a Dios como punto de referencia de sus acciones, ni una esperanza para el futuro (cf. 2,1-11). Si no anhelamos continuamente la Pascua, si no vivimos en el horizonte de la Resurrección, está claro que la lógica del todo y ya, del tener cada vez más acaba por imponerse.

3. La fuerza regeneradora del arrepentimiento y del perdón
Por esto, la creación tiene la irrefrenable necesidad de que se manifiesten los hijos de Dios, aquellos que se han convertido en una “nueva creación”: «Si alguno está en Cristo, es una criatura nueva. Lo viejo ha pasado, ha comenzado lo nuevo» (2 Co 5,17). En efecto, manifestándose, también la creación puede “celebrar la Pascua”: abrirse a los cielos nuevos y a la tierra nueva (cf. Ap 21,1). Y el camino hacia la Pascua nos llama precisamente a restaurar nuestro rostro y nuestro corazón de cristianos, mediante el arrepentimiento, la conversión y el perdón, para poder vivir toda la riqueza de la gracia del misterio pascual.

Esta “impaciencia”, esta expectación de la creación encontrará cumplimiento cuando se manifiesten los hijos de Dios, es decir cuando los cristianos y todos los hombres emprendan con decisión el “trabajo” que supone la conversión. Toda la creación está llamada a salir, junto con nosotros, «de la esclavitud de la corrupción para entrar en la gloriosa libertad de los hijos de Dios» (Rm 8,21). La Cuaresma es signo sacramental de esta conversión, es una llamada a los cristianos a encarnar más intensa y concretamente el misterio pascual en su vida personal, familiar y social, en particular, mediante el ayuno, la oración y la limosna.
Ayunar, o sea aprender a cambiar nuestra actitud con los demás y con las criaturas: de la tentación de “devorarlo” todo, para saciar nuestra avidez, a la capacidad de sufrir por amor, que puede colmar el vacío de nuestro corazón. Orar para saber renunciar a la idolatría y a la autosuficiencia de nuestro yo, y declararnos necesitados del Señor y de su misericordia. Dar limosna para salir de la necedad de vivir y acumularlo todo para nosotros mismos, creyendo que así nos aseguramos un futuro que no nos pertenece. Y volver a encontrar así la alegría del proyecto que Dios ha puesto en la creación y en nuestro corazón, es decir amarle, amar a nuestros hermanos y al mundo entero, y encontrar en este amor la verdadera felicidad.

Queridos hermanos y hermanas, la “Cuaresma” del Hijo de Dios fue un entrar en el desierto de la creación para hacer que volviese a ser aquel jardín de la comunión con Dios que era antes del pecado original (cf. Mc 1,12-13; Is 51,3). Que nuestra Cuaresma suponga recorrer ese mismo camino, para llevar también la esperanza de Cristo a la creación, que «será liberada de la esclavitud de la corrupción para entrar en la gloriosa libertad de los hijos de Dios» (Rm 8,21). No dejemos transcurrir en vano este tiempo favorable. Pidamos a Dios que nos ayude a emprender un camino de verdadera conversión. Abandonemos el egoísmo, la mirada fija en nosotros mismos, y dirijámonos a la Pascua de Jesús; hagámonos prójimos de nuestros hermanos y hermanas que pasan dificultades, compartiendo con ellos nuestros bienes espirituales y materiales. Así, acogiendo en lo concreto de nuestra vida la victoria de Cristo sobre el pecado y la muerte, atraeremos su fuerza transformadora también sobre la creación.

Vaticano, 4 de octubre de 2018,Fiesta de san Francisco de Asís. FRANCISCO

domingo, 10 de diciembre de 2017

El pesebre y la espiritualidad bíblica




El pesebre es uno de los símbolos que más evoca la Navidad. No ha podido ser desplazado del corazón, de los hogares y del imaginario de nuestro pueblo, ni siquiera por otros símbolos más comerciales. El aprecio y la emoción profunda que despierta se debe en buena medida a las profundas raíces de fe que encierra. Los valores estéticos y artísticos expresan una profunda confesión de fe en el misterio de la Navidad. El sencillo cuadro del niño que nace en el hogar de María y José expresa un elemento que pertenece a la identidad del Dios de la Biblia: el Señor de los cielos se alía con la humanidad al punto de tomar él mismo nuestra carne. Y este suceso tiene consecuencias muy ricas para la vida de la humanidad.

Acercarse al pesebre es contemplar un misterio a la vez asombroso, maravilloso, fascinante y lleno de una ternura indescriptible. Por eso, la desnuda sencillez del pesebre revela la frivolidad de otros símbolos que han llegado a última hora a atiborrar la Navidad. Al mismo tiempo, la profundidad espiritual que lo circunda denuncia los poderosos intereses económicos y comerciales que tienden a apoderarse de estas fiestas.

Dios y la humanidad se encuentran en el pesebre: Con un solo versículo el evangelista Lucas describe el nacimiento de Jesús: María dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no había sitio para ellos en el alojamiento (Lc 2,7). Con esas pocas palabras testimonia un acontecimiento que supera cualquier descripción. Los hechos sobrepasan las palabras, de ahí que estas se reduzcan a las esenciales. Dios ha nacido en medio de la humanidad para que la humanidad pueda llegar a Dios. Cuando Lucas dice que María envolvió al niño en pañales y lo acostó en un pesebre, no piensa tanto en la modestia de Jesús cuanto en su plena humanidad. Más tarde llegarán los pastores a adorar al niño; los pañales y el pesebre son el signo que corrobora lo que los ángeles les habían anunciado (Lc 2,16).

Pesebre y tradición: Los relatos de Mateo (2,1-12) y Lucas (2,1-20) que narran el nacimiento de Jesús tienen raíces en narraciones del Antiguo Testamento (Is 7,13-14; 9,1). Lo que sucedió aquella noche fue enriquecido por la tradición cristiana con imágenes tomadas de la piedad popular judía y de las primeras décadas del cristianismo. Cuando hacemos nuestros pesebres o nos reunimos a orar en torno a ellos, la Palabra de Dios está presente en las oraciones, los villancicos y los gestos. Aunque la letra no refleje de manera directa las expresiones bíblicas, los villancicos recuerdan los himnos de gozo que se multiplican alrededor del sitio donde nació Jesús; las expresiones de fe representan la sencillez con la que se acercan los pastores; el entusiasmo familiar que se genera en torno al pesebre prolonga el ambiente de paz, alegría y sencillez de la primera Navidad.

Pesebre: donación de vida Los tres reyes magos son un elemento imprescindible en los pesebres y en la celebración de la Navidad. Su presencia en las tradiciones navideñas es rica en sentido. Claro que ellos no aparecen en los relatos evangélicos. Mateo relata cómo en los mismos días del nacimiento de Jesús, unos magos de Oriente se presentaron en Jerusalén preguntando por el lugar del nacimiento. El oro, el incienso y la mirra que el evangelista Mateo pone en los cofres de los magos representan los mejores dones que la humanidad puede ofrecer al recién nacido. Si Jesús es el gran don de Dios a los hombres, los seres humanos solo podemos responderle presentándole lo mejor de nosotros mismos, nuestras mismas personas, nuestro corazón. En esto seguimos el ejemplo presente en algunos pesebres y en la iconografía navideña que muestran a los pastores ofreciéndole al Niño una pequeña oveja o su morral lleno de ropa y comida.

Gozo que se difunde En torno a la pesebrera donde nació Jesús, hombres y ángeles estallan en gozo: Gloria a Dios en el cielo y paz en la tierra a los hombres, que él quiere tanto (Lc 2,14). Desde los cielos se proclama la paz sobre la tierra, una paz que comienza a reinar cuando la humanidad acoge a Dios y se deja querer por Él. Estos son dones gratuitos que trae el Niño nacido en Belén. No se requiere ninguna condición moral previa para ser amados por Dios. Basta comprender este movimiento de la gracia y dejarse inundar por la vida nueva que trae Jesús.

Además, es llamativo que quienes se acercan al lugar del nacimiento son personajes mal vistos por la ortodoxia religiosa judía: unos magos de oriente, es decir, extranjeros incrédulos, o unos pastores, gente considerada poco honrada y vistos más bien como un grupo de malandrines. Junto al pesebre se dan cita personas sin méritos, sin grandes obras de piedad, para mostrar que los primeros en acoger al Señor aquellos que sólo pueden esperar en la ilimitada misericordia de Dios. Y todos salen transformados por el gozo de lo que han contemplado en Belén.



CONCLUSIÓN

Alrededor del pesebre se celebran, se comparten y se aprenden los valores más profundos de la fe que nace de la Palabra de Dios. Una fe que no se basa en dogmas, sino en la mayor donación de amor que ha conocido la humanidad; una fe que no conoce de exigencias morales imposibles de cumplir, sino que se sintetiza en gozo, paz, alegría sin fin, y, por eso mismo, una fe que invita a la sencillez, la acogida y la fraternidad. Vamos, pues, corriendo a Belén, porque Un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado y es su nombre Maravilla de Consejero, Padre perpetuo, Príncipe de la paz (Is 9,5)



Tarcisio Gaitán, cp.

Publicado en: las memorias del “Festival de Navidad. XXXI Exposición de Pesebres” (Diciembre 2015), editado por el Museo El Castillo y el Taller del pesebre de Antioquia (Medellín, 2016) s.n.p.




domingo, 16 de abril de 2017

Felices Pascuas

SECUENCIA


Ofrezcan los cristianos
ofrendas de alabanza
a gloria de la Víctima
propicia de la Pascua.
Cordero sin pecado
que a las ovejas salva,
Dios y a los culpables
unió con nueva alianza.
Lucharon vida y muerte
en singular batalla,
y, muerto el que es la Vida,
triunfante se levanta.

«¿Qué has visto de camino,
María, en la mañana?»
«A mi Señor glorioso,
la tumba abandonada,
los ángeles testigos,
sudarios y mortaja. 

¡Resucitó de veras
mi amor y mi esperanza!
Venid a Galilea,
allí el Señor aguarda;
allí veréis los suyos
la gloria de la Pascua. »
Primicia de los muertos,
Sabemos por tu gracia
que estás resucitado;
la muerte en ti no manda
Rey vencedor, apiádate
de la miseria humana
y da a tus fieles parte
 en tu victoria santa.

jueves, 5 de enero de 2017

Fiesta de la Epifanía

¡Levántate y resplandece, Jerusalén, porque llega tu luz, la gloria del Señor amanece sobre ti! (Is 60,1). Es luz radiante es la que debe iluminar nuestros caminos, decisiones, sueños y trabajos. Somos hijos de la Luz y nuestra obras deben dar testimonio de ello. Estamos llamados a ser como esa estrella de oriente, que conduce a otros al encuentro con Jesús. Que sea pues este tiempo, para meditar y revisar la vida y el año, para que todo cuanto hagamos conduzca a otros al Misterio del Amor hecho hombre entre los hombres, al Misterio de Dios con nosotros.

sábado, 30 de julio de 2016

Los Institutos Seculares: luces y retos

Los institutos seculares de Colombia fueron convocados por la Conferencia Episcopal para reflexionar sobre las luces, retos y esperanzas de esta vocación particular que enriquece a la Iglesia. En el silencio y algunas veces en un total anonimato, los hombres y mujeres seculares consagrados trabajan en medio del mundo y con sus fatigas haciendo de ese espacio su lugar de santificación, de siembra del evangelio, de donación y de encuentro con Jesucristo vivo en el hermano.
El ser, la existencia y el testimonio se convierten en evangelio abierto para aquel que pone en el camino. 

No se llega a esta opción de vida por buscar un grupo o un apostolado, sino por un llamado verdadero y profundo del Señor para ser obreros fieles; es mucha la mies y poco los obreros. La experiencia de saberse amados, lanza al amor y a la entrega ilimitada por el Reino.

Quizás, esta forma de vida no es de multitudes o grandes presencias, porque la lógica del Reino es desde lo pequeño: un puñado de levadura, una perla o un granito de mostaza. Es darlo todo por la gran riqueza del Amor.

Sea pues la oportunidad para orar por todos los hombres y mujeres que han entregado su vida desde esta vocación de plena consagración y secularidad; y para orar por las nuevas vocaciones que se arriesgan animadas por el Espíritu Santo, unidas a Cristo crucificado y Resucitado, y confiadas en la bondad infinita del Padre.

Gracias Dios porque el Espíritu Santo sigue soplando e innovando en la historia.

jueves, 25 de febrero de 2016

San Gabriel acompaña a los jóvenes

Este próximo 27 de febrero, se celebra entre la Familia Pasionista, la memoria de San Gabriel de la Dolorosa. Este jovencito alegre y jovial quiso hacerse religioso pasionista y en su corto tiempo de formación alcanzó a vivir plenamente la entrega radical a Dios, en compañía de la Madre Dolorosa.
Sea este un motivo para encomendar a San Gabriel a todos los jovenes, hombres y mujeres que han deseado consagrar su vida a Dios como religiosos, religiosas o misioneros seculares. Que el Señor les de la fortaleza, la perseverancia, la confianza plena en Su Santa Voluntad... y que les permita llevar la alegría del Evangelio a todos los lugares sin desfallecer.

San Gabriel de la Dolorosa,
Ruega por nosotros.