domingo, 2 de febrero de 2014

Jornada Mundial de la Vida Consagrada


En esta Jornada Mundial de la Vida Consagrada, unos pensamientos que nos ayuden a caminar en el seguimiento de Jesús.

1. Las lecturas bíblicas de la fiesta destacan la humanidad de Jesús. Es proclamada de muchas maneras y sin sombra de duda. La presentación en el Templo es un rito judío, “escrito en la ley del Señor” (Lc 2,22.23.24). Varias veces dice el evangelista Lucas que los padres de Jesús manifiestan con su comportamiento que Jesús es un niño judío con quien se cumplen los ritos y costumbres religiosos de la época. Además, el evangelio termina mencionando el proceso de maduración humana que vivió Jesús: “iba creciendo, robusteciéndose, se llenaba de sabiduría” (Lc 2,40.52). El escrito a los hebreos lo dice de modo hermoso y sintético: “se hizo semejante en todo a sus hermanos… Cómo él ha pasado por la prueba del dolor, puede auxiliar a los que ahora pasan por ella” (Heb 2,17-18).

2. Asumir lo humano, hacerse “semejante en todo a sus hermanos” fue la vía para acercarnos al Padre. El evangelio afirma implícitamente que la vía para hacerse hijos de Dios es entrar en un camino de humanización. La humanidad de Jesús fue el medio que tuvieron a mano sus discípulos para percibir su divinidad. Eso lo intuyó Simeón cuando proclamó que el Niño era la “luz de las naciones” (Lc 2,32). Él es el agua viva que sacia la sed de trascendencia de todo ser humano. Siguiéndolo a él alcanzaremos nuestra plena vocación humana. Claro que Jesús será una bandera discutida y rechazada hasta la muerte. Una espada traspasará el corazón de María.

3. Los seguidores de Jesús sólo pueden ser luz como Él, irradiación de esa Luz mayor que es el Padre. Si por momentos la sociedad parece andar patas arriba; si destruimos sin freno la madre tierra; si pareciera haberse archivado la compasión; si nos escandalizamos por lo que muestra una actriz, pero no por los millones de desplazados que hay en nuestro país; si hay tanta confusión y tiniebla, es porque faltan grandes rayos de luz.

Esta no es una jornada para la felicitación, sino para la revisión y para afinar nuestro seguimiento de Jesús. Que ojalá el Señor no nos deje tranquilos cuando vacile nuestra luz. Que ojalá nos remuerda la conciencia cuando no seamos capaces de ser solidarios como Él. Que no permita que los consagrados pensemos, y peor aún, que actuemos, como si fuéramos mejores que el resto de la humanidad. Más bien, que Él nos haga sal de la tierra y luz para toda la humanidad.

Tarcisio Gaitán, cp.