martes, 22 de abril de 2014

Abrazados en Cristo Resucitado


 


 

 
Hoy, Jesús nos ha invitado a recibir su salvación lograda al asumir  nuestra condición humana en su totalidad y hasta las últimas consecuencias. Fruto de ello es la  expiación, redención  y nueva creación que nos ha engendrado.

Aceptar a Jesús nos implica  dejar nuestra soberbia y egoísmo de querer dominar el mal según  nuestro plan humano. Es Jesús quien con su pasión, muerte y resurrección asumió el mal y lo venció hasta su más honda naturaleza, profundidad y consecuencias últimas.
Hoy, como San Pablo de la Cruz,  abrazamos la Cruz de Cristo  pero es Cristo que nos abraza  porque hemos  comprendido que la verdadera alegría está en el don de sí mismo, en el don de sí, en salir de uno mismo, para entregarnos al Padre en Cristo, El que  ha triunfado sobre el mal con el amor de Dios.
De sus dolores y de su pasión, crucifixión y muerte, surge ahora resucitado para que nosotros resucitemos con El y obtengamos la vida humana según la voluntad del Padre y  la Vida Eterna. Queremos responder de corazón al llamado de Dios en Isaías: "Consolad, consolad a mi pueblo"; que hoy se nos convierte en misión. Entregarnos al Señor que nos consuela e ir a consolar al pueblo de Dios. Con la misericordia, la ternura del Señor que enardece el corazón, despierta la esperanza, atrae hacia el bien.
 
¡Esta es nuestra alegría de llevar la consolación de Dios Padre!
 
Seguimos fieles y amantes el  ministerio de  Pablo que se identificó totalmente  con Cristo crucificado quien con sus  sufrimientos,  debilidad y  derrota, supo llevar  también la  verdadera alegría y la consolación. El misterio pascual de Jesús: misterio de muerte y resurrección. Precisamente por haberse dejado conformar con la muerte de Jesús ha hecho a san Pablo participar en su resurrección, en su victoria.
 
En viva oración toda esta semana santa  y como dice nuestro santo Padre Francisco, de rodillas comenzamos la  evangelización en Cristo  y siguiéndole vamos con ÉL.
Jesús manda a los  discípulos suyos sin “talega, ni alforja, ni sandalias” (Lc. 10,4) para la difusión del evangelio imbuidos del amor de Cristo, conducidos  por el Espíritu Santo, e injertados en  la propia vida en el árbol de la vida, que es la cruz del Señor, donde comenzó el verdadero Reino de Dios entre nosotros,
 
Con su Resurrección Jesucristo se hace  Señor de la vida y  vencedor de la muerte, en quienes le seguimos .Se hace vencedor de los flagelos de la humanidad actual; defensor de los indefenso, de los expatriados, de los excluidos, de los  ancianos, de los enfermos; maestro  de los niños abandonados o en la ignorancia; en  la miseria y la violencia de sus hogares o de las pandillas e injustamente arrancados de sus afectos.  En fin solo en Cristo y siempre con El seremos para siempre  constructores de un mundo nuevo y de una nueva Esperanza.
 
FELICES PASCUAS