Hoy, Jesús nos ha
invitado a recibir su salvación lograda al asumir nuestra condición
humana en su totalidad y hasta las últimas consecuencias. Fruto de ello es la
expiación, redención y nueva creación que nos ha engendrado.
Aceptar a Jesús nos
implica dejar nuestra soberbia y egoísmo
de querer dominar el mal según nuestro
plan humano. Es Jesús quien con su pasión, muerte y resurrección asumió el mal
y lo venció hasta su más honda naturaleza, profundidad y consecuencias últimas.
Hoy, como San Pablo de la Cruz, abrazamos la Cruz de Cristo pero es Cristo que nos abraza porque hemos
comprendido que la verdadera alegría está en el don de sí mismo, en el
don de sí, en salir de uno mismo, para entregarnos al Padre en Cristo, El
que ha triunfado sobre el mal con el
amor de Dios.
De sus dolores y de su
pasión, crucifixión y muerte, surge ahora resucitado para que nosotros
resucitemos con El y obtengamos la vida humana según la voluntad del Padre
y la Vida Eterna. Queremos responder de corazón al llamado de Dios en Isaías: "Consolad, consolad a mi pueblo"; que hoy se nos convierte en misión. Entregarnos al Señor que nos consuela e ir a consolar al pueblo de Dios. Con la misericordia, la ternura del Señor que enardece el corazón, despierta la esperanza, atrae hacia el bien.
¡Esta es nuestra alegría de llevar la consolación de Dios Padre!
Seguimos
fieles y amantes el ministerio de Pablo que se identificó totalmente con Cristo crucificado quien con sus sufrimientos, debilidad y derrota, supo llevar también la verdadera alegría y la consolación. El
misterio pascual de Jesús: misterio de muerte y resurrección. Precisamente por haberse
dejado conformar con la muerte de Jesús ha hecho a san Pablo participar en su
resurrección, en su victoria.
En viva
oración toda esta semana santa y como
dice nuestro santo Padre Francisco, de rodillas comenzamos la evangelización en Cristo y siguiéndole vamos con ÉL.
Jesús manda a los discípulos suyos sin “talega, ni alforja, ni
sandalias” (Lc. 10,4) para la difusión
del evangelio imbuidos del amor de Cristo, conducidos por el Espíritu Santo, e injertados en la propia vida en el árbol de la vida, que es
la cruz del Señor, donde comenzó el verdadero Reino de Dios entre nosotros,
Con su
Resurrección Jesucristo se hace Señor de
la vida y vencedor de la muerte, en
quienes le seguimos .Se hace vencedor de los flagelos de la humanidad actual;
defensor de los indefenso, de los expatriados, de los excluidos, de los ancianos, de los enfermos; maestro de los niños abandonados o en la ignorancia;
en la miseria y la violencia de sus
hogares o de las pandillas e injustamente arrancados de sus afectos. En fin solo en Cristo y siempre con El seremos
para siempre constructores de un mundo
nuevo y de una nueva Esperanza.
FELICES PASCUAS