Algunas veces nos preguntamos ¿qué implica ser discípulos de Cristo?
Tal como lo expresa el evangelio de Marcos en el capítulo 8: "Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame. Porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero quien pierda su vida por mí y por el Evangelio, la salvará".
La cruz es signo de victoria, fuerza de los débiles, esperanza y presencia de amor ilimitado.Cuando nos hemos sentido plenamente amados ¿cómo no corresponder a ese amor?
Perder la vida, es dejar en el camino el cansancio del día, el esfuerzo puesto, la siembra que no siempre nos toca segar. Pero es en ese ejercicio de lanzar las redes una y otra vez, en donde realmente vamos asumiendo esta historia de salvación. Darse a diario, desgastarse para predicar el Evangelio en medio del mundo y sus afanes.
Tomar la cruz, la propia cruz, la que está hecha a mi medida... esa cruz, que unida a la Cruz amorosa y redentora va sacando de cada uno de nosotros una mejor persona, más paciente, más dócil a la Gracia, más confiada en la Voluntad de Nuestro Padre.
¡Oh Santa Cruz!,
¡Oh Santa Gloria!
Ven a mi Vida
vence la muerte y mi pecado
vence mi fragilidad
y florece como
el árbol de la Vida,
como grito de Victoria.