Los institutos seculares de Colombia fueron convocados por la Conferencia Episcopal para reflexionar sobre las luces, retos y esperanzas de esta vocación particular que enriquece a la Iglesia. En el silencio y algunas veces en un total anonimato, los hombres y mujeres seculares consagrados trabajan en medio del mundo y con sus fatigas haciendo de ese espacio su lugar de santificación, de siembra del evangelio, de donación y de encuentro con Jesucristo vivo en el hermano.
El ser, la existencia y el testimonio se convierten en evangelio abierto para aquel que pone en el camino.
No se llega a esta opción de vida por buscar un grupo o un apostolado, sino por un llamado verdadero y profundo del Señor para ser obreros fieles; es mucha la mies y poco los obreros. La experiencia de saberse amados, lanza al amor y a la entrega ilimitada por el Reino.
Quizás, esta forma de vida no es de multitudes o grandes presencias, porque la lógica del Reino es desde lo pequeño: un puñado de levadura, una perla o un granito de mostaza. Es darlo todo por la gran riqueza del Amor.
Sea pues la oportunidad para orar por todos los hombres y mujeres que han entregado su vida desde esta vocación de plena consagración y secularidad; y para orar por las nuevas vocaciones que se arriesgan animadas por el Espíritu Santo, unidas a Cristo crucificado y Resucitado, y confiadas en la bondad infinita del Padre.
Gracias Dios porque el Espíritu Santo sigue soplando e innovando en la historia.