¡Levántate y resplandece, Jerusalén, porque llega tu luz, la gloria del Señor amanece sobre ti! (Is 60,1). Es luz radiante es la que debe iluminar nuestros caminos, decisiones, sueños y trabajos. Somos hijos de la Luz y nuestra obras deben dar testimonio de ello. Estamos llamados a ser como esa estrella de oriente, que conduce a otros al encuentro con Jesús. Que sea pues este tiempo, para meditar y revisar la vida y el año, para que todo cuanto hagamos conduzca a otros al Misterio del Amor hecho hombre entre los hombres, al Misterio de Dios con nosotros.